ANGELES MASTRETTA EL CIELO DE LOS LEONES PDF

No oigo cantar a las ranas Hace tiempo que no oigo cantar a las ranas. Para inventar, como para el amor y los desfalcos, es necesario estar vivos. Sabemos esto tan bien como sabemos de la muerte. No hay duda: todo lo bueno sucede al acostarse. Sin embargo, lejos estoy de haberme muerto.

Author:Mikaran Douzilkree
Country:Anguilla
Language:English (Spanish)
Genre:Automotive
Published (Last):16 April 2007
Pages:399
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ISBN:777-5-59714-312-4
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Decimos a Sabines a media noche y de madrugada, toda una tarde y toda una semana. El viento de las horas barre las calles, los caminos. Jaime Sabines. Sin miedo, o mejor dicho, aptas para desafiar a diario los miedos que les cierren el camino. Y poco de esos deseos hubiera sido posible sin la voz, terca y generosa, del feminismo. La vida que se sabe riesgosa y ardua, pero propia. Pero no siempre lo es. Al final hay que entrar por una brecha corta que conduce a la laguna.

Entramos en barca, poco a poco, por una laguna baja, y frente a nuestros ojos el sol de una tarde avanzada. Era la hora de su regreso al cobijo. Se acababa la tarde en las lagunas y era imposible no sentir su abrigo.

Me detuve en una de las puertas, como quien se detiene a descubrir un mundo que reconoce. Por eso me convoca y guarece. Sin embargo, he visitado la Plaza Mayor menos veces que amores tengo bajo su sombra. No en balde he venido a buscarlos. Escenas de la alborada Tras una larga caminata por Venecia, nos detenemos en el puente del Rialto a mirarla brillar abajo. Y la idolatro de manera irracional, delirante, como todos los que idolatran. Al mismo tiempo me alegra la fe enaltecida de mi madre y su esperanza en una vida mejor para tantos que no la tienen.

Salve a la gran Venecia. Es para erizarse. Y en crimen organizado ocupa el lugar cincuenta y cinco. Ese impulso y el de seguir viviendo se parecen mucho" Sigamos pues, con la vida. El puro anhelo de alcanzarlas es ya una maravilla.

Tengo el fuego en las noches de Navidad , y los ojos de todas mis amigas. No se cree en la felicidad: se nos aparece. En la misma esquina encuentro siempre a las dos vendiendo los mismos dulces. Nos hemos ido acercando por la ventana. De cualquier modo ella se acerca y me pregunta si no quiero un dulce, aunque sea unas gomitas.

Hace por lo menos diez que la encuentro, ha recorrido casi todas las esquinas del rumbo. No puedo decir que sea una mujer triste. La otra mujer es joven, aunque tiene la edad escondida entre la pobreza y el trabajo. La recuerdo pensando en que le debo mi actual facilidad para acercarme sin temor alguno a quienes ejercen el poder. Por eso, entre otras cosas, me inclino frente al recuerdo de Pilar Luengas.

Yo siento que hace de eso tanto tiempo que ya me resulta cercano. No como sucede conmigo, que corro eternamente y a todo llego tarde. Odio ser la que espera. Mi padre silbaba al volver del trabajo. Tienes epilepsia y le has perdido el miedo, como quien tiene una cicatriz y se acostumbra a llevarla aunque a ratos le recuerde un dolor. Mi padre, sin embargo, es todo lo que no tengo. He llorado hasta el cansancio frente al abandono, con tal de no darme por vencida. Uno queda extenuado tras el llanto largo y sin embargo siente un descanso.

Se consolaron. Ya lo sabemos, algunos cronopios no se mueren. Julio es un mes hermoso para pensar, para escribir, para tener nostalgia y contar historias.

Cuando el aire trae lluvia se echa a correr, cuando los hijos quieren aire corre tras ellos. El revolcadero, que era un lugar remoto en el Acapulco de mi remota infancia, se ha vuelto la playa de moda en el Acapulco al que nos lleva la febril adolescencia de mi hijo y sus amigos. Sigue siendo un lugar de belleza privilegiada. Las olas vienen abruptas pero nobles, y uno puede jugar en ellas.

Y otra vez: tamarindos, vestidos, cocos, lentes. Porque caballos no quisimos nunca. No nosotros.

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